El cabello
una obra de arte que no pide permiso
un templo sostenido por peinetas
que cuentan historias de siglos.
cada mechón es una nota
en la sinfonía del tiempo,
cada moño, una declaración:
la belleza es resistencia.
ellas duermen sobre soportes de cuello,
como si sus sueños también
tuvieran que inclinarse ante la tradición.
es un sacrificio, sí,
pero uno que transforma
el peso de la disciplina
en la levedad de lo eterno.
no son lo que el cine promete,
no venden favores ni fantasías,
venden un instante que permanece:
la conexión entre el arte y el presente,
entre la cultura y el alma.
amarillos, naranjas, magentas,
un baile de colores que no necesita
explicarse para ser verdad.
no todo lo complejo
exige palabras,
a veces basta con sentirlo
y dejar que el mundo gire
al ritmo de su sinfonía silenciosa.
ellas preservan lo que importa,
en un mundo que cambia demasiado rápido
para darse cuenta
de lo que se pierde en el camino.